La mamá de Cristian invitó a su novio
drogadicto a vivir con su familia cuando Cristian
tenía 3 años de edad. Poco tiempo después ella
también era drogadicta. Entonces, dejó su
trabajo de costurera por el cual recibía un pago
modesto y se prostituyó para sostener su
adicción a la droga.
Los clientes llegaban a todas horas. Con
frecuencia ella despertaba a Cristian y a su
hermanito Marvin y los sacaba a la calle porque
quería usar su cama. Cuando estaba bajo el
efecto de la droga, ella le pegaba a sus hijos con
palos o con los cables de la luz. Para sobrevivir,
los niños mendigaban comida en el vecindario y
nunca fueron al colegio.
Eduardo Mendez conoció a estos dos niños
en uno de sus recorridos frecuentes a las
revueltas calles de Tijuana. El los invitó a vivir
con otros niños de edades entre 7 y 14 años en
el Hogar Emanuel. Al poco tiempo ellos se
trasladaron allá, donde están recibiendo
educación, lo cual les ayudará a romper el
círculo de la pobreza. En el medio ambiente de
seguridad de Emanuel y siendo nutridos con
comida y con el Evangelio, la probabilidad de
llegar a ser adultos responsables ha aumentado.
Hoy, 96 niños están empezando a vivir sus vidas
transformadas en Emanuel – aprendiendo de un
Dios que los ama.
En 1.988, Eduardo, un exitoso hombre de
negocios, cargado por el estado lastimoso de los
niños rechazados y sin hogar, dejó su trabajo y
fundó el Hogar Emanuel. Recientemente, él fue
nombrado como ‘El Ciudadano del año’, en
reconocimiento a su labor de rescate y
preocupación por esta clase de niños.
Cristian y Marvin han escapado del ciclo del
sufrimiento. Ahora ellos crecen vigorosamente
en un ambiente Cristo-céntrico. Además,
asistiendo al colegio buscan un día hacer
realidad sus sueños de terminar una carrera y
conseguir sus diplomas universitarios.